Me encontré en la paradoja inconstante y siempre tan descriptora de su ser. Me encontré mi flor de lis, mi messias, mi salvacion. Venga, siéntese, acomode su espalda en el aire y su mirada en mis dedos, le enseñaré un retazo de mí.
Como decía, me encontré. Sin buscarme, sin pedirme, sin saber que me había perdido. En ese momento de mi vida en el que solo recordaba tan perfectamente lo que ya no era, imágenes que con el tiempo en lugar de hacerse borrosas se hacían cada vez más detalladas.
Adelante, este es su nuevo hogar, si así usted lo acepta. Disculpe por no entregarle las llaves yo mismo, pero usted de alguna forma las encontró en el abismo en el que pensaba haberlas tirado para no entregárselas a nadie jamás. Pero las posee. Me tiene. ¿Cómo? Me gusta no saber la respuesta. Me interesa usted y su tan exquisito ser, la forma tan increíble y cálida de su voz, todo eso que odias de ti y que sin saberlo me hizo desearte en todas las formas posibles, desde la manera en que un niño pide un deseo al apagar su vela, hasta esa en la que imagino mis labios unidos a su espalda. Así. a su todo.
Venga, le quiero compartir mi vida!!
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