Embarazada muy joven, enferma, solo comiendo cebolla desflemada y seguía fiel a nuestra amistad. Aún sigue ahí.
Coleccioné figuras paternas varias pero a nadie le aprendí más. A ella; el amor, el estoicismo, la bondad. Y todo a puro ejemplo. No sé nada de la vida que valga la pena, que no venga directamente de ella, mi mejor amiga.
Ella es más hombre que todos los hombres que la han decepcionado, juntos. Ella es madre, cómplice, heroína y guardaespaldas. Es alimento y una bufanda para el frío, aunque yo ya tenga 35. Sabe hacer mil cosas bien hechas, y otras mil a perfección. Solía pensar que como éramos muchos, no tendría suficiente tiempo para mí. La neta es que todo lo que tuvo me lo dió, incluso a la hora de dormir, cuando ya los otros se dormían giraba para acostarse de mi lado, en los pies. Mi madre es mi mejor amiga y por ella estoy aquí.
Y si a caso resulta un día que su cuerpo no es inmortal, no voy ni siquiera a llorar, porque aunque ya no pudiera más hablarle, mientras yo respire, ella siempre será mi amiga y siempre vivirá.