No tenderse la mano a uno mismo es peor que ponerse el pie, así igual te autosaboteas pero acto seguido te levantas. Y yo sé muy bien levantarme al caer, pues ya lo hice mil veces, creo, pero otra cosa es doler y ver la grieta que ha existido siempre en tí, verla diseccionar tu vida de repente y peor, cuando más dicha hay en tu vida que nunca. No es que haya sido desdichado toda la vida ni mucho menos pero mi padre me rompió el corazón una vez más y ese gran alud de abandono me arrastró hasta lo que en ese mismo momento sentí como el fondo, otra vez empiezo a creer que ella se irá justo en el momento que creí, y que así lo veía yo, que estaba más para allá que para acá con sus problemas de ansiedad. ¡Ya no me necesita! Comenzó el gusano mental a susurrar ahí por el martillo, dentro mío dónde vive. Los niños van a la escuela, juegan, juegan y juegan, en la escuela, en la casa, en vivo y en línea. ¡Ya no me necesitan! Como si el bebote no me hablara a veces hasta 20 veces en un día y peor si no le contesto, eso lo saco de mí, supongo. Llegué incluso a sentir el mundo exterior entero como con un gesto de desaprobación hacia mi persona; ¡Deberías adelgazar! ¡Talento desperdiciado! ¡Nunca terminas nada! Y yo, odiandome a mí, cobrándole a él, al niño que guardó cada recuerdo a manera de penitencia autoimpuesta para que sufriese yo en vez de el, ¡O viceversa! sin darme cuenta que aunque yo lo inventé conscientemente hace unos 14 años como recurso retórico y literario, que somos uno solo y lo que sufro yo lo siente él indudable, inequívoca e intrínsecamente y el hecho de que lo haga presente y consciente no le resta ni retórica ni valor, solo tenía que apreciarme y darme yo mi valor. Así entonces me odie a mí mismo, Por no amarme, por dejar que ese niño me hiciera llorar tanto, ¡o viceversa! por buscar tanto el amor por fuera, cuando no tengo el propio, como si fuera más fácil amar al dolor que al amor. Tonto adulto que no ve la simpleza de la vida y lo fácil que es amarla, pero ahí está el egoísmo del mundo cimbrando mis sentimientos vía mis recuerdos, canciones de bronco y fotos de él con otras viejas escondidas detrás del refrigerador como la gran solución a ese problemita llamado "yo quiero mucho a tu mami pero... (Botas de avestruz, Marlboro rojos y soundtrack Vicente Fernández)"
No me queda más que aceptar el hecho de que me hice más daño yo mismo, guardando todo mal recuerdo cuál pandora solo para liberarlo en cuanto ya no tuviera más que hacer, que el propio lobo que aunque solitario, egoísta y ausente, algo me enseñó que pueda usar para ayudarme a apagar esa tóxica sensación y ayudarme a continuar.
Pd. Está historia continuará.