sábado, 25 de noviembre de 2017

Obsidiana

Recuerdo el sonido plástico del día  cero, la primera vez que te vi. Recuerdo vagamente escuchar alguien gritarme que prendiera la luz, recuerdo muy bien el ámbar de tus manos y también la constelación en tus labios. Recuerdo perfecto lo que sentí; Parecido a una repentina esperanza. Quise mirar el abismo profundo en tu cabello y creí percibir una cierta tristeza en tus ojos de obsidiana.
Lo recuerdo bien, porque ese momento sigue aquí, con la misma vida.
Me gusta mirarte más que a la luna, tan solo para recordar ese momento, e intentar sentirlo. Planeo seguir haciéndolo. Me gusta más mirarte a ti que a cualquier aurora en el noreste o más que a la lluvia caer porque se que a todos ellos, les soy indiferente.
Recuerdo cada día a tu lado. Puedo aún sentir lo que sentí al ver a la gente viéndome contigo la primera vez, porque ellos también vieron algo nuevo y diferente, algo que en ese momento ni yo mismo veía claramente, hoy lo veo, hoy que soy un espectador todos esos momentos, los recuerdo y los vivo de nuevo y los disfruto tanto o mas que en el día original. Y tal vez hoy seguimos de la mano en parte gracias a esos recuerdos y a los nuevos que nos generamos cada día, y los cuales se atesoran de igual forma y se vuelven indispensables. Y si bien ya no tan intensos y desenfrenados, no por eso moderados, y si inteligentes, mas maduros y ardientes, más concientes.
Recuerdo la propia promesa de hacer que funcione de aqui hasta la muerte y se calcula muy sencillo tan solo de imaginar tu mano junto de la mía, como en los primeros días.