Recuerdo el sonido plástico del día cero, la primera vez que te vi. Recuerdo vagamente escuchar alguien gritarme que prendiera la luz, recuerdo muy bien el ámbar de tus manos y también la constelación en tus labios. Recuerdo perfecto lo que sentí; Parecido a una repentina esperanza. Quise mirar el abismo profundo en tu cabello y creí percibir una cierta tristeza en tus ojos de obsidiana.
Lo recuerdo bien, porque ese momento sigue aquí, con la misma vida.
Me gusta mirarte más que a la luna, tan solo para recordar ese momento, e intentar sentirlo. Planeo seguir haciéndolo. Me gusta más mirarte a ti que a cualquier aurora en el noreste o más que a la lluvia caer porque se que a todos ellos, les soy indiferente.
Recuerdo cada día a tu lado. Puedo aún sentir lo que sentí al ver a la gente viéndome contigo la primera vez, porque ellos también vieron algo nuevo y diferente, algo que en ese momento ni yo mismo veía claramente, hoy lo veo, hoy que soy un espectador todos esos momentos, los recuerdo y los vivo de nuevo y los disfruto tanto o mas que en el día original. Y tal vez hoy seguimos de la mano en parte gracias a esos recuerdos y a los nuevos que nos generamos cada día, y los cuales se atesoran de igual forma y se vuelven indispensables. Y si bien ya no tan intensos y desenfrenados, no por eso moderados, y si inteligentes, mas maduros y ardientes, más concientes.
Recuerdo la propia promesa de hacer que funcione de aqui hasta la muerte y se calcula muy sencillo tan solo de imaginar tu mano junto de la mía, como en los primeros días.