viernes, 9 de febrero de 2018

Amigo

3 años atrás, un 9 de febrero del 2015, después de la hora de comida recibí una llamada de un número telefónico que aunque sí tenía registrado en mis contactos, no era usual que me llamara y por lo cual me extrañé un poco. Se trataba de mi hermano, quien me hablaba desde su lugar de trabajo. Me dijo que te hablara porque alguien del barrio le dijo que algo había sucedido con tu hermano. Tu y yo no nos habíamos visto en poco más de un mes pero por supuesto que llame de inmediato al celular, me mandó directo al buzón y Colgué sin dejar mensaje. Opté por enviarte un texto por whatsapp, pero cuando entré a la app me fijé que hacía más de un día de tu última conexión, algo todavía más extraño tratándose de tí. Decidí dejar pasar un rato e intentar de nuevo y aunque no lograba contactarte nunca imagine la forma en que terminaría ese día para mí. Recurrí a mi tercer opción; Llamar a tu casa y, o preguntarle a tu papá. Tenían un nuevo numero que yo no tenia en mis contactos, así que le llame a otro muy amigo nuestro para que me lo pasara, éste amigo me cuestionó y le conté lo que hasta ese momento sabía y como el trabaja en oficina, me pidió que le informara en cuanto supiera algo o tuviera contacto contigo. Por otro lado, cuando supimos la primer versión, de que algo le había pasado a tu carnal, todos lo creímos casi de inmediato, algunos hasta pensamos lo que en ese panorama, era lo peor. Pero cuando por fin alguien contesta del otro lado de la línea, fue para enterarme de que sí podía ser peor. Había reconocido la voz de tu hermano, aquel día cuando por fin entro mi llamada, por un par de segundos me sentí aliviado de saber que él estaba bien, pensé en no comentarle nada pero le pregunté por ti. Y fue de su voz que supe como eran las cosas en realidad. La irónica injusticia de la vida me decía que el no había muerto, que en cambio me tenía que despedir de tí. 
La siguiente vez que recibí una llamada de ese numero telefónico, no pude evitar sentir miedo de contestar, fue un impulso de pánico grabado en mi memoria reciente, tan primitivo como cualquier otra emoción humana, como si al no contestar evitaría tu partida.
Entre ese aciago lunes, y los siguientes dos días, me tuve que despedir sin más. Yo y muchos nos vimos forzados a decir adiós aunque al igual que yo, estoy seguro de que la mayoría de los que tuvimos la suerte de coincidir contigo en esta vida, no hemos podido terminar de hacerlo, o siquiera intentado. Porque en este plano de existencia, de lo mejor que me tocó vivir, fue ser tu amigo.
Y se ha ido mucha mas gente genial en el mundo, antes y después de ti, Familiares, amigos, artistas y desconocidos, que tal vez nunca deberían morir pero aun así se van. Y nosotros los que nos quedamos estamos de acuerdo en que gran parte de lo chingón que ha sido vivir, fue por seres como ustedes, como tú. A veces pienso que es poca la gente podrida o mala leche que se va, y eso me lleva a la efímera y nada consoladora idea de que es todo un privilegio morir, de que este mundo no es lo suficientemente genial para gente así tan verija como ustedes. Pienso que accediste al nirvana con todo derecho y que a varios aquí nos faltan muchos puntos para poder acceder a ese nivel. Espero un día alcanzar dicho nivel y volver a ser amigos y que me digas como te va.